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SAN BENITO DE NURCIA |
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CONOSE SU ESTAMPA Patrono
: Protector
: Identificativo
principal : Identificativo
secundario : Fecha
litúrgica :
11 de Julio
ORACION Santísimo
confesor del Señor; Padre y jefe de los monjes, interceded por nuestra
santidad, por nuestra salud del alma, cuerpo y mente. SU HISTORIA En el
libro II de sus Diálogos, el Papa San Gregorio Magno (540-604 dC)
relata cómo un joven que estudiaba en Roma a finales del siglo V dC, oyó
la voz del Señor. Entonces, dejándolo todo, siguió a Cristo, e
imitando a los antiguos monjes cristianos, fue a vivir con Dios en la
soledad de una cueva en la región de Subiaco, no lejos de Roma. Este
joven, llamado Benito, nació hacia el año 480 en Nursia (Italia). Su
hermana, de nombre Escolástica, había sido consagrada a Dios desde su
infancia. Al cabo de tres años de vida solitaria, Benito decidió
compartir el don recibido con otros jóvenes que se iban acercando, y
funda entonces en la región de Subiaco varios monasterios. Basándose
en el Evangelio, en la sabiduría de los antiguos monjes, y en su
propia experiencia, organiza y dirige la vida monástica de estos
monasterios. Cerca del año 529 se traslada a Montecassino, donde funda
un nuevo monasterio, en el cuál residirá hasta su muerte. Allí ejerce
gran influencia en sus discípulos y sobre toda la región vecina. Es
allí también donde escribe una Regla para monjes que con el tiempo
llegaría a ser la Santa Regla, maestra del monacato cristiano
occidental. Esta Regla, escrita para monjes que viven en comunidad,
ordena toda la vida orientándola hacia la oración, encuentro personal
e íntimo con Dios. En el último capítulo de la misma, San
Benito la llama "mínima regla de iniciación", la cual ha
sido, sin embargo, a lo largo de los siglos cristianos, un instrumento
poderoso para transformar los corazones, imitando a Cristo y agradando a
Dios. San Benito y su Regla están de tal modo unidos que "si
alguien quiere conocer más profundamente su vida y sus costumbres, podrá
encontrar en la enseñanza de su Regla todas las acciones de su
magisterio, porque el santo varón en modo alguno pudo enseñar otra
cosa que lo que él mismo vivió". (S.Gregorio Magno, Diálogos II,
36).
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