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El
niño que se parecía a Jesús
Francis nace en diciembre de 1980 en
Glasgow (Gran Bretaña), y muy pronto sus padres
descubren en él un carácter impulsivo,
turbulento y colérico. A la edad de 5 años,
mientras jugaba afuera, lo atropella un camión.
Francis queda desfigurado de por vida, su cuerpo
gravemente lesionado. Para él comienza el
terrible vía crucis de un niñito ciego que sueña con saltar y correr detrás
de los pájaros y sobre todo con volver a ver el
rostro de su mamá. En un año es sometido a
trece operaciones. Le extraen un riñón en el
que se ha declarado el cáncer. Su madrina,
Margaret, vine a verlo cada día y le habla de
Jesús. El aprende a rezar y sus padres lo
sorprenden a veces hablando con Jesús, con las
palabras conmovedoras de una intimidad amorosa.
Pero la salud de Fancis empeora día a días. El
cáncer se generaliza y la muerte se perfila en
el horizonte, a pesar de las sucesivas
quimioterapias.
Sus papás
lo llevan entonces a Medjugorje. Francis ya
tiene seis años. Sorprendentemente, él nunca
se queja, a pesar de sus sufrimientos. Margaret
está siempre a su lado, salvo a la hora del
rosario y de la misa, cuando ella se lo confía
a Nora, la amiga de Marija. ¿El pequeño
Francis podrá asistir
a una aparición? Estamos en julio de
1987, época en que la Gospa se aparece en el
minúsculo cuarto del presbiterio; él tendrá
que esperar su turno durante tres largas
semanas.
Un
día, durante el rosario, Nora cuida el pequeño,
sentado en su regazo. Los dos se han instalado
bajo un árbol, porque el calor es insoportable.
Como Francis no puede ver con sus ojos, quiere
ver con sus manos. Es así como siente la
expresión de los rostros. Mientras comienza el
rosario en croata, Nora se lo traduce, pero se
da cuenta muy pronto de que es él, con sus 6 añitos,
quien le va a enseñar a orar, puesto que sabe
muchas cosas sobre Jesús.
-
¡Pero no sabes rezar! – exclama
Francis de repente.
-
OK… ¡Entonces tú me vas a enseñar a
rezar el rosario!
-
¿Tú quieres saber cómo Jesús rezaba
el rosario?
-
Buenos…, sí… ¿Jesús rezaba el
rosario?
-
¡Sí, claro! ¡El Niño Jesús rezaba el
rosario! (¿Cómo puedes ignorar esto, a tu
edad?, parece querer decir Francis?)
-
¿Y cómo podía Él rezar el rosario? ¡Esas
palabras son aquellas que el ángel le dijo a su
madre!
-
¡Pero el ángel no hizo más que repetir
las palabras que oía! ¡En el Cielo, Dios le
hablaba así a María!¡El ángel sólo
transmitió lo que había recibido de Dios!
Nora
se calla para dejar al pequeño orar a su
manera.
-
Yo te saludo María, llena de gracia… -
dice él lentamente.
Y
Francis se detiene, lleno de alegría. Un grito
de admiración sale entonces de su boca:
-
¡Oh, Mamá! ¡claro que eres llena de gracia;
eres toda llena de mí!
Nora
comprende con este estallido de alegría, que el
mismo Jesús está celebrando a su madre. Dios
mismo dice: “¡Yo te saludo María, llena de
gracias!” ¡El Padre le habla a María! Y el
Niño Jesús repite las palabras que le oye
decir al Padre…
Francis
se extraña más y más con la ignorancia de
Nora, pero continúa con su oración. En un
murmullo dice:
-
El Señor está contigo… Oh, Mamá, ¿piensas
tú que podría dejarte alguna vez?
Nora
calla y trata de contener sus lágrimas.
Estos
son los rosarios de Nora y Francis en aquellos días
en que él espera su cuta con la Gospa. Al fin
llega el permiso y su madre entra con él al
cuarto de las apariciones. Nora se queda fuera
orando, con la certeza de que Francis saldrá de
allí curado. ¡Su fe es tan grande! Con gran
alegría, solo le queda dar gracias de antemano
por ese regalo de la sanación.
Justo
antes de la misa, Francis sale del presbiterio y
su madre lo entrega a Nora quien lo sienta
nuevamente en su falda, su lugar favorito. Pero
ella nota enseguida que le niño se retuerce de
dolor, más que de costumbre. Nora se da cuenta
de que é no está curado. Entonces
calla, muda de dolor.
-
¿No me preguntas lo que hizo la Virgen
cuando vino?
-
Pues… ¡Sí! ¿Qué hizo? ¡Cuéntame!
-
Bueno, ella vino, ¡e inmediatamente quedé
curado!
Las
manos de Francis recorren el rostro de Nora y
detectan su decepción.
-
¡Sólo piensas en el cuerpo! – le dice
con tono de reproche.
-
Entonces, dime todo. ¿Cómo fuiste
curado?
Francis
vuelve a vivir el momento de la aparición y
todo alegre le explica a Nora:
-
Sabes, apenas llegó la Santísima
Virgen, abrí bien grande mi corazón. Y perdoné
al chofer del camión.
Nora
está muy sorprendida. Francis nunca hablaba de
su accidente, ni de sus operaciones, ni de sus
sufrimientos. ¿Habría guardado este secreto
para sí durante estos largos meses? ¿El chofer
del camión habría quedado como una espina
clavada en su corazón?
Y
con una sonrisa de puro gozo angelical, él
exclama:
-
¡Y estoy libre! ¡Libre! Entonces, ¿sabes lo
que le dije a la Santísima Virgen para
agradecerle? Le dije: “Mamá, acepto todo mi
sufrimiento. Pero a cambio, yo te pido que hagas
libres a todos aquellos que vengan aquí, así
como yo me volví libre”.
Francis
sabía que estaba muriendo de cáncer. Nora
calla y piensa: “Ahora sí, es seguro; él va
a morir”.
Entonces
Francis se acerca a su oído como para compartir
con ella un maravilloso secreto:
-
Sí, eso mismo, ¡voy a morir!
¡Oh,
qué alegría ilumina su rostro! Francis solo
tiene 6 años y toda su felicidad consiste en
haber sido sanado en su corazón ¡para tener
libertad de amar!
De
ahí en más, Francis siembra el amor de Jesús
por doquier. Los testimonios podrían llenar un
libro. He aquí cuatro escenas, a modo de
ejemplo.
Francis
tenía una naturaleza difícil. A veces, por
alguna contrariedad, él se ponía a patalear,
rojo de cólera. Su mamá no le decía nada, no
queriendo aumentar su carga. Pero en Medjugorje
la Gospa le hizo ver que así no ayudaba a su
pequeño Francis. Tenía que regañarlo a veces,
suavemente pero con firmeza, para ayudarlo a
corregirse.
Algunos
días después de la estadía en Medjugorje,
ella le pide a Francis que guarde un juguete y
pasa a otro cuarto. Pero esto lo molesta. De
repente, la mamá lo oye patalear y rebelarse.
Recordando las palabras de la Gospa, ella se
arma de valor y se acerca a su cuarto para
llamarle la atención, cuando lo oye decir:”¡Pasa
atrás de mí, Satanás! ¡Tú sabes que elegí
ser bueno!” El pequeño se tranquiliza y,
percibiendo a su madre en el marco de la puerta,
le dice sonriendo:
-
¿Mamá? ¿Me pediste algo? ¡Enseguida
lo hago!
A
partir de ese día, los caprichos se acabaron
por completo. En Medjugorje, su madre lo sabía,
Francis había tomado la decisión:
-
Yo elijo la santidad.
La
segunda escena se sitúa en Fátima, algunos
meses más tarde. Los papás siempre esperaban
una sanación física. Mientras hacían el Vía
crucis con él, en ese hermoso parque afuera
del santuario, Francis desaparece. Sus padres lo
buscan por todas partes y lo encuentra fuera del
camino (¡no olvidemos que el niño está
ciego!), allí donde el ángel de Fátima está
representado en tamaño natural, dando la
Eucaristía a los tres pequeños videntes. ¡Increíble!
¡Francis se ha trepado a los brazos del ángel
y conversa animadamente con él! ¿Cómo ha
podido el niño llegar hasta ahí?
-
Francis, ¿qué haces allí?
-
Hablo con el Ángel de la Paz, mamá…
¿Cómo
sabe él que es el Ángel de la Paz? Sus papás
lo ayudan a bajar.
-
Francis – le pregunta discretamente su
mamá un poco más tarde -, ¿qué le decías al
Ángel de la Paz?
-
Sabes, mamá, entre Dios y las almas, ¡a
veces hay secretos!
La
tercera escena se sitúa en el gran hospital de
los niños enfermos de Glasgow, donde millares
de ellos sufren y mueren. Francis es llevado allí
porque su cáncer, en estado tan avanzado, lo
exige. Pero cuando sus papás lo vienen a
visitar… ¡no encuentran a Francis! El
cieguito, esquelético y tullido, con dolores
indescriptibles, “ha levantado vuelo2 hacia
otros cuartos. Se
ha quitado sus tubos, sus perfusiones, todo lo
que lo mantenía prisionero y camina de cama en
cama, deteniéndose en la cabecera de otros
enfermitos. ¿Qué hace?, ¿qué les cuenta?
Basta con acercarse para escucharlo: Francis les
habla de Jesús con palabras que sólo un pequeño
mártir podría concebir; consuela a los niños
y les pide que ofrezcan todos sus sufrimientos a
Jesús para que no haya más pecados en el
mundo.
La
cuarta escena ocurre el 15 de septiembre de
1988, en la casa de Marija Pavlovic, en
Medjugorje. Suena el teléfono y Nora contesta.
-
¡Oh, Francis! ¡Eres tú!
-
Si, Nora. ¿Está Marija? Por favor, dile
que esta tarde, cuando venga la Gospa, debe
pedirle algo de mi parte. Yo quisiera que María
me prometa algo: cuando yo esté en el Cielo,
que me dé este título: el
ángel custodio de los niños abandonados.
Nuestro
pequeño Francis se fue al encuentro del Padre
diecisiete días más tarde, el 2 de octubre de
1988, día de la fiesta de los Santos Ángeles
Custodios…
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