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TRESCIENTAS MIL
PERSONAS EN SAN PEDRO PARA FUNERAL DEL PAPA
CIUDAD DEL
VATICANO, 8 ABR 2005 (VIS).-Antes de
comenzar la Misa de exequias por Juan Pablo
II en la Plaza de San Pedro, a la que
asistieron unas trescientas mil personas,
entre ellas más de 200 jefes de Estado y de
gobierno, los restos mortales del Papa
difunto se colocaron en un féretro de ciprés,
que fue sellado en presencia de diversos
testigos.
Al rito
asistieron entre otros los cardenales
Eduardo Martínez Somalo, camarlengo de
Santa Iglesia Romana, Angelo Sodano,
anterior secretario de Estado, Joseph
Ratzinger, decano del Colegio Cardenalicio,
Camillo Ruini, vicario para la diócesis de
Roma, Francesco Marchisano, arcipreste de la
Basílica Vaticana y los arzobispos
Stanislaw Dziwisz, secretario personal del
Santo Padre y James Harvey, prefecto de la
Casa Pontificia.
El cardenal
camarlengo dio inicio al rito del cierre del
féretro. El arzobispo Piero Marini, maestro
de las Celebraciones Litúrgicas
Pontificias, leyó a continuación el "Rogito",
un resumen de la vida del Papa, del que los
presentes firmaron diversas copias. Después
se cantó una antífona y un salmo, a los
que siguió una oración silenciosa. El
maestro de las Ceremonias Litúrgicas y el
secretario de Juan Pablo II pusieron un velo
de seda blanca sobre el rostro del pontífice
fallecido y el cardenal camarlengo roció
los restos mortales del Papa con agua
bendita. El arzobispo Marini introdujo
entonces en el ataúd una bolsa con algunas
medallas acuñadas durante el pontificado y
un tubo de plomo que contiene el
original del Rogito.
Mientras se
cerraba el féretro se rezó el Salmo 41.
El féretro
de Juan Pablo II fue llevado en procesión a
la Plaza de San Pedro y colocado sobre una
alfombra en el suelo frente al altar mayor,
con un evangeliario abierto sobre él.
Formaban parte de la procesión los miembros
del Colegio Cardenalicio y los patriarcas de
las Iglesias Orientales, todos vestidos de
rojo. Presidió la Misa el cardenal Joseph
Ratzinger y concelebraron 164 cardenales.
Millones de
personas llegadas a Roma para asistir al
funeral de Juan Pablo II, pero que no
pudieron entrar en la Plaza de San Pedro,
vieron la ceremonia gracias a 27 pantallas
gigantes distribuidas por toda la ciudad,
incluidos los dos estadios de fútbol de la
capital, la Universidad de Tor Vergata, el
Circo Máximo, las basílicas de San Juan de
Letrán, Santa María Mayor y San Pablo
Extramuros, Piazza del Popolo, Piazza
Risorgimento, el Coliseo y Via della
Conciliazione, la gran avenida que
desemboca en la Plaza de San Pedro.
En varios
momentos de la misa varias personas pidieron
a gritos que Juan Pablo II fuera proclamado
santo. La petición, acompañada por
interminables aplausos, comenzó a
escucharse cuando el cardenal Ratzinger
terminó la homilía. Además, había alguna
pancarta en italiano en la que estaba
escrito "Santo subito" (Santo ya)
y "Giovanni Paolo II il Grande"
(Juan Pablo II el Grande).
Tras la
oración que sigue a la comunión, el
cardenal Ratzinger procedió al rito de las
recomendaciones finales y al acto de
despedida, al lado del féretro de Juan
Pablo II. El cardenal Ruini se aproximó
entonces al ataúd, los cantores entonaron
la Letanía de los Santos y el cardenal
vicario concluyó la súplica de la Iglesia
de Roma con una oración.
A
continuación los patriarcas y arzobispos
mayores y metropolitanos de las Iglesias
metropolitanas "sui iuris" católicas
orientales acudieron al ataúd y, frente al
altar, rezaron la súplica de las Iglesias
Orientales del Oficio de Difuntos de la
liturgia bizantina. Todos los presentes
rezaron en silencio y posteriormente el
cardenal Ratzinger roció el ataúd con agua
bendita mientras el coro cantaba un
responso.
En el
momento del traslado del féretro a la basílica
vaticana, los fieles cantaron el Magnificat.
Las personas que habían presenciado antes
del funeral la deposición del cuerpo del
difunto pontífice en el féretro, lo acompañaron
hasta las grutas vaticanas a través de la
puerta llamada de Santa Marta. El
camarlengo, cardenal Eduardo Martínez
Somalo, presidió el rito de la sepultura.
El ataúd de
ciprés con los restos mortales de Juan
Pablo II se ató con lazos rojos, sobre los
que se imprimieron los sellos de la Cámara
Apostólica, de la Prefectura de la Casa
Pontificia, de la Oficina para las
Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice
y del Capítulo Vaticano. El féretro de
ciprés se introdujo en otro de zinc y se
soldó y cerró y sobre él se imprimieron
los sellos de las oficinas mencionadas. En
la tapa figuraban la cruz y el escudo del
difunto pontífice.
El notario
del Capítulo de la basílica vaticana
redactó el acta de la sepultura y la leyó
ante los presentes.
Participaron
en la Misa de exequias por el Santo Padre
monarcas reinantes de 10 países, 57 jefes
de Estado, 3 príncipes herederos, 17 jefes
de gobierno, los jefes de 3 organizaciones
internacionales y representantes de otras
diez, 3 esposas de jefes de Estado, 8
vicepresidentes de Estado, 6 vice primeros
ministros, 4 presidentes de parlamentos, 12
ministros de Exteriores, 13 ministros y
embajadores de 24 países.
De las
delegaciones religiosas formaban parte 140
personas, entre ellas representantes de las
Iglesias Ortodoxas, de las Iglesias
Orientales Ortodoxas, de las Iglesias y
comuniones eclesiales de Occidente,
organizaciones cristianas internacionales,
la Asociación Nacional de Evangélicos,
representantes del Judaísmo, del Islam y
delegaciones de las religiones no
cristianas.