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SUMARIO:
- TESTAMENTO
ESPIRITUAL DE JUAN PABLO II
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TESTAMENTO ESPIRITUAL DE JUAN PABLO II
CIUDAD DEL VATICANO,
7 ABR 2005 (VIS).-Ofrecemos a continuación la
traducción no oficial, efectuada por el VIS,
del testamento espiritual del Santo
Padre Juan Pablo II, publicado hoy en traducción
italiana del original polaco.
Totus Tuus ego sum
En el Nombre de la Santísima
Trinidad. Amén.
"Velad
porque no sabéis en qué día vendrá vuestro
Señor" (cf.Mt 24, 42), estas palabras me
recuerdan la última llamada, que vendrá en
el momento que quiera el Señor. Quiero
seguirle y deseo que todo lo que forma parte
de mi vida terrenal me prepare a este momento.
No sé cuando llegará, pero como todo, también
deposito este momento en las manos de la Madre
de mi Maestro: Totus Tuus. En sus manos
maternas lo dejo todo y a todos aquello con
quienes me ha ligado mi vida y mi vocación.
En esas manos dejo sobre todo a la Iglesia y
también a mi nación y a toda la humanidad. A
todos doy las gracias. A todos pido perdón.
Pido también oraciones para que la
misericordia de Dios se muestre más grande
que mi debilidad y mi indignidad.
Durante los
ejercicios espirituales he releído el
testamento del Santo Padre Pablo VI. Su
lectura me ha llevado a escribir el presente
testamento.
No dejo tras
de mí propiedad alguna de la que sea
necesario disponer. En cuanto a las cosas de
uso cotidiano que me servían, pido que se
distribuyan como se considere oportuno. Que se
quemen mis apuntes personales. Pido que se
encargue de todo esto don Estanislao a quien
doy las gracias por la colaboración y la
ayuda tan prolongadas en estos años y tan
grande. Todos los demás agradecimientos, en
cambio, los dejo en el corazón ante Dios
mismo, porque es difícil expresarlos.
Por lo que se
refiere al funeral, repito las mismas
disposiciones que dio el Santo Padre Pablo VI
(nota al margen: la sepultura en la tierra, no
en un sarcófago, 13.3.92)
"apud Dominum misericordia
et copiosa apud Eum redemptio"
Juan Pablo II
Roma, 6. III. 1979
Después de la muerte
pido Santas Misas y oraciones
5.III.90
****
Folio sin fecha:
Expreso mi mas
profunda confianza en que, a pesar de toda mi
debilidad, el Señor me conceda todas las
gracias necesarias para hacer frente según Su
voluntad a cualquier tarea, prueba o
sufrimiento que quiera pedir a su siervo en el
curso de la vida. También tengo confianza en
que no permitirá jamás que, mediante
cualquier actitud mía: palabras, obras u
omisiones, traicione mis obligaciones en esta
santa Sede Petrina.
***
24.II-1.III.1980
También
durante estos ejercicios espirituales he
reflexionado sobre la verdad del sacerdocio de
Cristo en la perspectiva de aquel tránsito
que para cada uno de nosotros es el momento de
la propia muerte. Del adiós a este mundo
-para nacer a otro, al mundo futuro, signo
elocuente (añadido encima: decisivo) es para
nosotros la Resurrección de Cristo.
He leído por
tanto la escritura de mi testamento del último
año, efectuada también durante los
ejercicios espirituales, la he comparado con
el testamento de mi gran predecesor y padre
Pablo VI, con ese testimonio sublime sobre la
muerte de un cristiano y de un Papa y he
renovado en mí la conciencia de las
cuestiones a las que se refiere el registro
del 6.III.1979 que yo había preparado ( de
forma bastante provisional).
Hoy quiero añadirle solamente ésto, que cada
uno debe tener presente la perspectiva de la
propia muerte. Y debe estar preparado para
presentarse frente al Señor y al Juez y al
mismo tiempo frente al Redentor y al Padre. Así,
yo también lo tengo continuamente en
consideración, confiando ese momento decisivo
a la Madre de Cristo y de la Iglesia, a la
Madre de mi esperanza.
Los tiempos
que vivimos, son indeciblemente difíciles e
inquietos. También el camino de la Iglesia se
ha vuelto difícil y tenso, tanto para
los fieles como para los pastores, prueba
característica de estos tiempos. En algunos
países (como por ejemplo en aquel del cual he
leído en los ejercicios espirituales), la
Iglesia se encuentra en un período de
persecución tal que no es inferior al
de los primeros siglos, al contrario,
incluso los supera por el grado de crueldad y
de odio. Sanguis martyrum - semen
christianorum. Y además esto: tantas personas
inocentes desaparecen también en este país
en que vivimos...
Deseo una vez
más confiarme totalmente a la gracia del Señor.
Él mismo decidirá cuando y cómo tengo que
terminar mi vida terrenal y mi ministerio
pastoral. En la vida y en la muerte Totus Tuus
mediante la Inmaculada. Aceptando ya desde
ahora esta muerte, espero que Cristo me
conceda la gracia para el último pasaje, es
decir la Pascua, (mía). También espero
que haga que sea útil para esta causa tan
importante a la que intento servir: la salvación
de la humanidad, la salvaguardia de la familia
humana, y con ella de todas las naciones y
todos los pueblos (entre ellos también
me dirijo de forma particular a mi Patria
terrena), útil para las personas que de modo
particular me ha confiado, para la cuestión
de la Iglesia, para la gloria de Dios.
No quiero añadir
nada a lo que escribí hace un año, solamente
manifestar esta prontitud y al mismo tiempo
esta confianza a las que de nuevo me han
dispuesto los ejercicios espirituales.
Juan
Pablo II
Totus Tuus ego sum
5.III.1982
En el curso de
los ejercicios espirituales de este año he leído
(varias veces) el texto del testamento del
6.III.1979. A pesar de que todavía lo
considero provisional (no definitivo) lo dejo
en la forma en que existe. No cambio (por
ahora) nada, y tampoco lo agrego, por cuanto
se refiere a las disposiciones que contiene.
El atentado a
mi vida el 13.V.1981 confirmó, de
alguna forma la exactitud de las palabras
escritas en el período de los ejercicios
espirituales de 1980 ( 24.II- 1.III).
Cuanto más
profundamente siento que me encuentro
totalmente en las Manos de Dios - y permanezco
continuamente a disposición de mi Señor,
confiándome a Él en su Madre Inmaculada (Totus
Tuus).
Juan
Pablo II pp. II
***
5.III.82
Por cuanto se
refiere a la última frase de mi
testamento del 6.III.79 (: "Sobre el
lugar/ es decir el lugar del funeral/ decida
el colegio cardenalicio y los
compatriotas") aclaro que pienso en: el
metropolitano de Cracovia o el Consejo
General del Episcopado de Polonia. Pido por
tanto al Colegio Cardenalicio que satisfaga en
la medida de lo posible las eventuales
peticiones de los más arriba citados.
***
1.III.1985 (en el
curso de los ejercicios espirituales).
De nuevo - por
cuanto respecta a la expresión "Colegio
Cardenalicio y los Compatriotas"-: el
"Colegio Cardenalicio" no tiene
ninguna obligación de interpelar sobre este
argumento a " los
Compatriotas": sin embargo, puede
hacerlo, si por alguna razón lo considerase
justo.
JPII
Los ejercicios espirituales del año jubilar
del 2000
(12-18.III)
(para el testamento)
1. Cuando el día 16
de febrero de 1978 el cónclave de los
cardenales eligió a Juan Pablo II el
primado de Polonia, cardenal Stefan Wyszynsk,
me dijo: "La tarea del nuevo Papa será
introducir a la Iglesia en el Tercer
Milenio". No sé si repito exactamente la
frase, pero al menos éste era el sentido de
lo que sentí entonces. Lo dijo el hombre que
ha pasado a la historia como primado del
Milenio. Un gran primado. He sido testigo de
su misión, de su entrega total. De sus
luchas: de su victoria. "La victoria,
cuando llegue, será una victoria a través de
María". Estas palabras de su predecesor,
el cardenal August Hlond, las solía
repetir el primado del Milenio.
De este modo,
me he preparado para la tarea que el día 16
de octubre de 1978 se presentó ante mí. En
el momento en que escribo estas palabras, el Año
Jubilar del 2000 ya es una realidad. La noche
del 24 de diciembre de 1999 se abrió la simbólica
Puerta del Gran Jubileo en la basílica de San
Pedro, después la de San Juan de Letrán, la
de Santa María Mayor, el primer día del año
y el día 19 de enero la puerta de la basílica
de San Pablo Extramuros. Este último acto,
dado su carácter ecuménico, se ha quedado
grabado en mi memoria de modo particular.
2. A medida que pasa
el Año Jubilar del 2000, un día tras
otro, se cierra detrás de
nosotros el siglo XX y se abre el siglo XXI.
Según los designios de la Providencia se me
ha concedido vivir en el difícil siglo que se
está acabando, que empieza a pertenecer al
pasado y ahora, en el año en que la
edad de mi vida alcanza los 80 años ('octogesima
adveniens'), es necesario preguntarse si no es
tiempo de repetir con el bíblico Simeón: 'Nunc
dimittis'.
El día 13 de
mayo de 1981, el día del atentado al Papa
durante la audiencia general en la Plaza de
San Pedro, la Divina Providencia me saló
milagrosamente de la muerte. Aquel que es único
Señor de la vida y de la muerte, El mismo me
ha prolongado esta vida, en un cierto modo me
la ha vuelto a dar. Desde aquel
momento pertenece aún más a El. Espero que
El me ayudará a reconocer hasta cuando debo
continuar este servicio, al que me llamó
el día 16 de octubre de 1978. Le pido que me
llame cuando quiera. 'Pues si vivimos, vivimos
para el Señor; y si morimos, morimos para el
Señor' (cf. Rm 14, 8). Espero que hasta que
pueda realizar el servicio petrino en la
Iglesia, la Misericordia de Dios me preste las
fuerzas necesarias para ello.
3. Como todos los años,
durante los ejercicios espirituales he leído
mi testamento del 6.III.1979. Sigo manteniendo
las disposiciones contenidas en él. Lo que
entonces y durante los sucesivos
ejercicios espirituales se ha añadido es un
reflejo de la difícil y tensa situación
general, que ha marcado los años ochenta.
Desde el otoño del año 1989 esta situación
ha cambiado. El último decenio del siglo
pasado ha estado libre de las tensiones
anteriores ; esto no significa que no hayan
surgido nuevos problemas y dificultades.
De modo particular, sea alabada la Divina
Providencia por ello, el período de la
llamada 'guerra fría' terminó sin el
violento conflicto nuclear que
pesaba sobre el mundo en el período
precedente.
4. Al encontrarme en
el umbral del tercer milenio "in
medio Ecclesiae", deseo expresar una vez
más gratitud al Espíritu Santo por el gran
don del Concilio Vaticano II, - del que junto
a la Iglesia entera y todo
el episcopado- me siento deudor. Estoy
convencido de que las nuevas generaciones podrán
servirse todavía durante mucho tiempo
de las riquezas proporcionadas por este
Concilio del siglo XX. Como obispo que ha
participado en el evento conciliar desde el
primer al último día, deseo confiar
este gran patrimonio a todos aquellos que son
y serán llamados a ponerlo en práctica en el
futuro. Por mi parte, doy las gracias al
Pastor eterno que me ha permitido servir a
esta grandísima causa en el curso de todos
los años de mi pontificado.
"In medio
Ecclesiae"... desde los primeros años de
servicio episcopal -precisamente gracias al
Concilio -he podido experimentar la comunión
fraterna del episcopado. Como sacerdote de la
archidiócesis de Cracovia ya sabía que
es la comunión fraternal el presbiterio- el
Concilio abrió una nueva dimensión de
esta experiencia".
5. ¡Cuántas personas tendría que
nombrar aquí! Probablemente el Señor
Dios habrá llamado a Sí la mayoría de
ellos. Por lo que se refiere a los que todavía
se encuentran en esta parte, que las
palabras de este testamento les recuerden, a
todos y en todas partes, allí, donde se
encuentren.
En el curso de
más de veinte años desde cuando presto el
servicio Petrino "in medio Ecclesiae"
he experimentado la benévola y muy fecunda
colaboración de tantos cardenales, arzobispos
y obispos, de tantos sacerdotes y personas
consagradas -hermanos y hermanas-, en fin,
de tantísimas personas laicas, en el ambiente
curial, en el Vicariato de la diócesis de
Roma, y también fuera de estos
ambientes.
¡Cómo no abrazar
con grata memoria a todos los episcopados del
mundo, con los cuales me he encontrado a lo
largo de las visitas "ad limina
Apostolorum"! ¡Cómo no recordar también
a tantos hermanos cristianos no católicos! !Y
al rabino de Roma y a tantos numerosos
representantes de las religiones no
cristianas! !Y cuántos representantes del
mundo de la cultura, de la ciencia, de la política,
de los medios de comunicación social!
6. A medida que se
avecina el límite de mi vida terrenal vuelvo
con la memoria al principio, a mis padres, al
hermano y la hermana ( que no conocí porque
murió antes de que yo naciese), a la
parroquia de Wadowice donde fui bautizado, a
esa ciudad que amo, a mis coetáneos, compañeras
y compañeros de la escuela primaria, del
bachillerato, de la universidad, hasta los
tiempos de la ocupación, cuando trabajé como
obrero y después en la parroquia de Niegowic,
en la cracoviana de San Floriano, en la
pastoral de los universitarios, en aquel
ambiente .... en todos los ambientes ... en
Cracovia y en Roma ... en las personas
que de forma especial el Señor me ha
confiado.
Quiero decir a
todos sólo una cosa: "Que Dios os
recompense".
"In manus Tuas,
Domine, commendo spiritum meum"
A.D.
17.III.2000
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