|
|
Carta
Abierta a Juan Pablo II
Querido
Papa, querido Amigo:
hoy
he sentido la necesidad de escribirte estas líneas que
se que llegarán a Ti. Mi alma humana está muy triste
con tu ausencia, siente ese vació que tu dejaste,
siento tus palabras en mi "Soy feliz, sedlo también
vosotros", pero aún sabiendo que eres feliz junto
a quien siempre has querido llegar, Dios, es como si
algo de mi se hubiera ido contigo, hay un vació, el
espacio que ocupo siente esa ausencia.
Se
que vendrá otro Papa, que quizás sea tan bueno como
tu, pero hay una gran diferencia, no eres tu,
seguramente cuando sea elegido, nos alegraremos porque
la Iglesia no estará acéfala, habrá un nuevo Pastor
que deberá continuar el camino que tu comenzaste, pero
aún así nada será igual ya, podrán venir 10.000 Juan
Pablo pero ninguno será II.
Cuando
tu fuiste designado por el Espíritu Santo para
guiarnos, yo apenas tenia 12 años, esos 12 años de
inocencia que tiene un joven de un pueblo, cuando
saliste al balcón por primera vez y confesaste tener
miedo por aceptar tremenda responsabilidad, esas solas
palabras me dijeron a mi corta edad que estaba frente a
un Grande, pero no un poderoso, sino un Grande de alma,
quien sabía reconocer que Dios le asignaba una tremenda
responsabilidad, causaba temor, es un síntoma de
alguien verdadero, y poco a poco comenzaste a andar tu
camino, un camino que día a día iba dejando un surco,
una huella honda en nuestras vidas.
Cuando
aquel 13 de mayo tu vida estuvo en peligro, ¡cuanta
tristeza!, no podía ser que alguien tan bueno como tu
nos dejara, y Maria en su amor te protegió y te
recuperaste y que alegría en nosotros, Juan Pablo seguía
adelante.
Un
Papa, que dejo el Vaticano para tratar de llegar a cada
alma en sus viajes, verdadero Apóstol de Jesús que
llevaste su Palabra por todo el mundo, aún en lugares
que jamás se sospecho que un Papa pudiera llegar,
siempre mis ojos te seguían por donde andabas.
Así
llegaste por segunda vez a Argentina y allí te tuve
frente a mi, ¡que emoción!, que placer infinito, era
como estar frente a Jesús, palabras y recuerdos que
jamás dejaran mi corazón, el tesoro que llevare dentro
de mi.
El
tiempo fue pasando y las huellas de ti cada vez estaban ahondando
mas mi alma, todo tu legado es inmenso, saber que tu
guiabas la Iglesia nos daba seguridad, solo tu podías
ser quien pidiera perdón por los errores de la Iglesia,
solo un Grande sabe tener la palabra Perdón en su
labios y corazón.
Tu
salud comenzó a quebrantarse y empecé a estar mas
pendiente de ti tratando de fortalecerte con mis
oraciones, quería un Papa eterno, por siempre, perdóname
por ser egoísta, porque tu ibas caminando hacia el
Padre y yo pretendía que te quedaras aquí junto a mi.
Mi
alma me decía no hace mucho, que tu tiempo estaba
llegando, tu manera de hablar, tu manera de prevenirnos,
de prepararnos eran síntomas de que tu ya sabías
cuando Jesús vendría por ti, siempre sospeche que
hablabas a diario con El y con María, jamás lo dijiste
pero alguien como tu no necesita decirlo, se le ve en el
alma.
Hoy
físicamente no estas, y mi alma sufre por tu ausencia,
la huella que dejaste en ella es ya muy honda, calaste
tanto el alma para que cuando llovieran Bendiciones esa
huella se llenaran de ellas, tanto, tanto surcaste mi
alma que llegaste a mi corazón y con tu partida te
llevaste un pedazo de el contigo, pero en el paso del
arado logré aferrarme a un pedacito del tuyo el cual
conservaré por siempre.
Seguramente
andarás por el mundo, tratando de asistir a cuantos te
invoquen, y el Padre Dios seguramente escuchará todas
las peticiones que le hagas, ¿como negarte algo, a ti
que le fuiste fiel hasta el final?.
Quédate
junto a nosotros por siempre, siente nuestras almas
afligidas, cúbrenos con tu capa roja, como lo hacías
con esos niños, fíjate aunque parecemos grandes somos
niños sin su Padre, ayúdanos a entenderte, ayúdanos a
no ser egoístas a dejarte llegar a Dios, lugar que sin
duda tu mereces por los sufrimientos que tuviste y
ofreciste a Jesús como prueba de tu amor incondicional.
Gracias
Juan Pablo, por haberme permitido conocerte, se que
estarás en mi por siempre, que todo lo que dijiste no
caerá en saco roto, has estado conmigo casi media vida acompañándome,
me sentí identificado contigo, contigo crecí y me fortalecí
en la fe a Jesús.
Que
Dios te regale el Paraíso, ya que tu intentaste
regalarnos un paraíso aquí, mucho de ti queda en mi, y
si ves caer algunas lágrimas de mis ojos, tómalas y
has con ellas un Rosario, para que te acompañe siempre
en tu eternidad.
No
me despediré con un adiós, sino con un hasta cualquier
momento, hasta que Dios disponga que nos volvamos a ver.
Solo
te pido un favor mas, cuando me toque retornar, ¿me
ayudas a ser como tu?
Con
todo mi amor, tu hijo
Javier
|
|